4. Escultura gótica francesa.
El punto de partida de la escultura francesa, que
marca el final de la románica y el principio de la gótica se
encuentra en el Pórtico Real de Chartres. Los primeros
tanteos revelados ya plenamente góticos se realizan en el
siglo XII en las catedrales de Sens y Senlis, en ésta última
aparece la primera portada dedicada a la Virgen. Pero los
grandes conjuntos escultóricos pertenecen al siglo XIII y
en ellos se advierte cómo el Pantócrator románico da paso
al Cristo Maestro, de expresión más humana y bondadosa,
al tiempo que la Virgen ocupa cada vez lugar más
destacado en los programas iconográficos. Así ocurre en el crucero de la catedral de Chartres, en la muy restaurada erie de portales de Nôtre-Dame de París, en
la catedral de Amiens (aprox. 1235), con
figuras de gran belleza como el célebre Beau
Dieu de la portada principal o la Virgen
Dorada del lado sur del crucero; y en la
catedral de Reims, en cuyas esculturas,
posteriores a 1250, se aprecia la intervención
de diversos maestros como el que realizó el
grupo de la Anunciación, cuyo arcángel
muestra una abierta sonrisa, o el de la
Visitación, en el que late el eco del mundo
clásico, no en vano su realizador era conocido
como maestro de las esculturas antiguas(
fotografía no 65).
Durante el siglo XIV, la escultura francesa dio paso al alargamiento y acusada curvatura de
las imágenes con mantos de abundantes plegados curvilíneos, configurando una especie de “manierismo gótico” cuya mejor expresión son las piezas de marfil producidas por los talleres parisinos.
A fines del siglo XIV y principios del siglo XV surgió en Borgoña un estilo pleno de realismo en la captación de rostros y objetos que habría de extenderse por toda Europa en el siglo siguiente. Su introductor fue Claus Sluter, autor del llamado Pozo de Moisés (1395-1401) en la cartuja de Dijo, en el que aparecen unos profetas de intenso realismo. También Sluter fue el creador de un tipo de sepulcro exento que tendría gran difusió, con la figura yacente del difunto y en los laterales diversas plañideras y encapuchados, conforme se observa en el sepulcro del duque Felipe el Atrevido en Dijon, cuyo modelo se continúa en el de Philip Pot del Museo del Louvre, realizado hacia 1485 por Antoine Le Moiturier. Con las obras de Sluter y sus seguidores el arte gótico culmina el largo camino hacia el realismo, de ahí al Renacimiento sólo hay un paso.
Durante el siglo XIV, la escultura francesa dio paso al alargamiento y acusada curvatura de
las imágenes con mantos de abundantes plegados curvilíneos, configurando una especie de “manierismo gótico” cuya mejor expresión son las piezas de marfil producidas por los talleres parisinos.
A fines del siglo XIV y principios del siglo XV surgió en Borgoña un estilo pleno de realismo en la captación de rostros y objetos que habría de extenderse por toda Europa en el siglo siguiente. Su introductor fue Claus Sluter, autor del llamado Pozo de Moisés (1395-1401) en la cartuja de Dijo, en el que aparecen unos profetas de intenso realismo. También Sluter fue el creador de un tipo de sepulcro exento que tendría gran difusió, con la figura yacente del difunto y en los laterales diversas plañideras y encapuchados, conforme se observa en el sepulcro del duque Felipe el Atrevido en Dijon, cuyo modelo se continúa en el de Philip Pot del Museo del Louvre, realizado hacia 1485 por Antoine Le Moiturier. Con las obras de Sluter y sus seguidores el arte gótico culmina el largo camino hacia el realismo, de ahí al Renacimiento sólo hay un paso.
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